Usted está aquí:
Descubre Guerrero... > Entre hilos de color se entreteje la historia de Guerrero

Entre hilos de color se entreteje la historia de Guerrero

Sábado 10 de enero de 2015
  Imprimir    Enviar    PDF  

Guerrero ha logrado fama internacional gracias a su gran cantidad de manufacturas artesanales, que son reconocidas por su peculiaridad étnica y regional, sus diferentes aportes locales, regionales, belleza y calidad de las prendas y objetos se agregan por lo general el tratamiento artístico individual.


Una de las artesanías que aún conserva su origen, y el cual ha permitido persistir en su producción local con rasgos identitarios, iconográficos y rituales propios de cada comunidad: tales es el caso de los textiles amuzgos como el Huipil y el rebozo, dos artesanías representativo de la Costa Chica en el Estado de Guerrero.


Hablaremos de un prenda tradicional de la mujer indígena desde la antigüedad que es el Huipil, proviene del náhuatl del vocablo náhuatlhuipilli, que significa gran colgajo, pero entre los amuzgos jamás utilizan este término, ya que prefieren llamarlo chuey, en su lengua materna. En amuzgo, chueyno que quiere decir el lienzo o trapo que cubre el cuerpo de una mujer; el huipil en si es una blusa o vestido adornado con motivos coloridos que suelen estar bordados que consiste en un lienzo de tela doblado con una apertura para introducir la cabeza y dos más para los brazos cuando va cerrado. El lienzo se compone a su vez, de uno, dos, tres y algunas veces hasta de cinco tiras de tela que se unen entre sí.


Desde pequeñas las mujeres participan en la elaboración de los huipiles, labor compleja que implica desde el cultivo del algodón, la fabricación de su propio hilo para tejer, hacer las madejas, montar el telar y crear lo que después de varios meses será una pieza artesanal de gran belleza y colorido. Las técnicas de telar son transmitidas de generación en generación; en los huipiles de las amuzgas de Xochistlahuaca (municipio que se encuentra en la Costa Chica) Guerrero la gran mayoría elaboran prendas para el uso familiar, es decir, tejen sus propios huipiles con figuras. Entre los  más tradicionales están los diversos triángulos que representan mariposas, aunque las formas geométricas se encuentran yuxtapuestas, significan caminos angostos.


Existen huipiles largos que topan el suelo, cortos que apenas llegan a la cintura, angostos o muy anchos. Algunos se usan totalmente abiertos y otros llevan costuras a los lados para dejar pasar los brazos. El escote también varía y su forma puede ser redonda, ovalada, cuadrada o simplemente una abertura vertical. Los escotes y la unión de los lienzos generalmente se ribetean con cintas, listones, telas de distintos colores o con bordados.


El rebozo


La industria del rebozo en Chilapa (se encuentra en la zona centro del Estado, a unos 54 kilómetros de la ciudad capital Chilpancingo) tuvo su origen en tiempos coloniales y ya para fines del siglo XIX constituía una típica ocupación local. Su tejido está constituido con colorantes naturales (entre ellos el añil). El oficio de tejedor de rebozo se sustentó como un trabajo familiar. Los viejos reboceros (que aún existen) mantienen vigente el oficio, donde expresan que lo aprendieron en el hogar. En el proceso productivo los trabajadores, se especializaban en alguna actividad particular, como tejedores urdidores, amarradores, azotadores, planchadores e incluso vendedores. Algunas de las fases del proceso de trabajo, como el amarrado o el terminado, se asignaban a especialista de las comunidades, como Tonalapa o Ahuihuiyuco.


El telar del pedal fue una de las herramientas que perfeccionó y aceleró el proceso productivo del rebozo Chilapeño. A medida que la producción se acelera, el producto tiende a mermar su calidad, es decir, no es igual una prenda tejida en telar de cintura que aquella elaborada en telar de pedal.




Con un técnica similar en el tejido se elabora el enredo acateco en la comunidad de Acatlan, en talleres familiares que utilizan el telar de cintura y en tiempos más recientes, el telar de pedal para lograr una mayor producción. Una vez realizados los cortes para la manufactura de un enredo prosigue la parte más laboriosa, que consiste en insertar figuras grandes o pequeñas de artisela, entre las que destacan aves, flores y venados, conejos y otro silvestres sobre fondo azul añil tradiconal. También se elaboran en telar de cintura los rebozos de Xochistlahuaca y Tlacoachistlahuaca, en la región amuzga, aunque con las características propias de su indumentaria, agregando la iconografía ñomnda en el bordado o en el brocado (flores y animales estelizados) sobre lienzos color blanco o coyuchi.


A pesar de lo cansado que resulta trabajar con los telares de cintura y los múltiples quehaceres domésticos que las mujeres deben realizar en casa, no dejan de tejer, ya que la labor artesanal de los indígenas es una ayuda económica primordial para las familias amuzgas, la organización del trabajo comunitario y en particular el aprendizaje de los procesos de elaboración que en su mayoría se llevaba a cabo en el seno familiar, lo que permitía que las habilidades en esta materia se transmitiera de generación en generación


De un tiempo a la fecha, la comercialización de esta artesanía se ha incrementado, en el paralelo al crecimiento del turismo local, nacional e internacional. En este sentido, la actividad artesanal ha probado ser una  buena fuente suplementaria de ingreso, y se ha convertido en fuente alterna al tradicional ingreso campesino e comunidades tanto indígenas como mestizas